lunes, 18 de enero de 2010

Primeros Auxilios (RCP) en medio de la Naturaleza

A pesar de que los excursionistas suelen estar en buen estado de salud, cualquier persona está expuesta, en cualquier momento, a sufrir un percance. La pronta ayuda de un compañero, sobre todo cuando este accidente se produce en la soledad y lejanía de la montaña, puede ser de gran importancia. En estas ocasiones hay que saber reaccionar con serenidad y correctamente.


A menudo precisaremos ayuda. Aunque en muchos parajes no existe cobertura para la comunicación telefónica mediante móvil, si disponemos de uno, trataremos de contactar con el servicio de urgencias 107 al que explicaremos claramente cuál es el problema con el que nos enfrentamos y, para el caso de que deban acudir a nuestro rescate, nuestra posición precisa en el mapa. También podrán localizarnos mediante la señal que emite constantemente nuestro móvil, pero esto puede suponer una pérdida de tiempo sustancial.

... ... En este caso, y como siempre, el sentido común deberá ser nuestra guía.

Si no podemos establecer comunicación telefónica, deberemos intentar obtener ayuda de la población más cercana. En principio, es aconsejable no dejar solo, bajo ninguna circunstancia, al accidentado. Así, si somos varias personas, unos quedarán con él mientras otros van en busca de socorro. A veces, sin embargo, si estamos solos, deberemos enfrentarnos con la disyuntiva de quedarnos a su lado o abandonarlo para ir a encontrar a más gente. En este caso, y como siempre, el sentido común deberá ser nuestra guía.

En esta sección pretendemos exponer algunos consejos que pueden ser de utilidad para ofrecer unos primeros auxilios en las situaciones de emergencia más frecuentes con las que nos podemos encontrar en el monte. Antes, sin embargo, dos reglas de oro que podemos aplicar en cualquier circunstancia:

1. Es mejor auxiliar al accidentado con los medios que se tiene a mano que quedarse sin hacer nada

2. No se debe hacer nada que pueda agravar la situación.

Pérdida de sentido

La causa más frecuente y menos grave de pérdida de sentido es por mareo, el cual suele deberse a una bajada brusca de la tensión arterial. En posición erecta, esta bajada de presión es más acusada a nivel cerebral y por esto no se debe intentar reincorporar a una persona desmayada, sino más bien al contrario, elevarle las piernas para que se produzca un transvase de sangre desde las extremidades inferiores a la cabeza. Normalmente, con esta simple maniobra, el afectado recupera la consciencia en menos de dos minutos.

En montaña, la causa más común de bajada de tensión arterial suele ser la fatiga, a la que se puede asociar, sobre todo en los diabéticos, una bajada del nivel de azúcar en sangre, así como deshidratación. Así pues, cuando el desvanecido haya recuperado plenamente la consciencia, será conveniente darle con cuidado alguna bebida azucarada y esperar que se sienta él mismo con fuerzas para ponerse de nuevo en pie.

Por encima de los 3.000 m la concentración de oxígeno atmosférico disminuye notablemente con la altura, lo cual en personas no acostumbradas puede provocarles una falta de oxígeno en sangre que conduce primero a malestar y, si prosigue la subida ininterrumpidamente, a una pérdida de sentido. Naturalmente, en estos casos es obligatorio regresar lo antes posible a una cota más baja.

Otras causas no traumáticas menos frecuentes de pérdida de consciencia pueden ser: un ataque epiléptico, una parada cardíaca, una intoxicación por monóxido de carbono, medicamentos o alcohol, una exposición demasiado prolongada al frío o al calor o un ataque de histeria.

Cualquier traumatismo puede producir también una pérdida de sentido. El mismo dolor puede ser causa de desvanecimiento, pero una fuerte hemorragia, ya sea externa o interna (sobre todo en los niños hay que pensar siempre en una rotura de vaso), provoca una rápida caída de la presión arterial que conduce en poco tiempo, si no logra contenerse, a la pérdida de consciencia. Igualmente, muchos golpes en la cabeza pueden dejar a la persona inconsciente durante unos minutos o por más tiempo, dependiendo de la gravedad del golpe.

Cuando una persona no se recupera enseguida de su desvanecimiento, lo primero que deberemos hacer será asegurarnos de que respira y de que tiene pulso. Para ello, pondremos nuestra oreja cerca de su boca-nariz y escucharemos, intentando oir su respiración. A la vez, podemos observar si su tórax sube y baja con los movimientos respiratorios. Inmediatamente, tras habernos asegurado de que respira sin mayores problemas, buscaremos su pulso en la parte lateral del cuello o en las muñecas. Si la persona desmayada tiene en aquellos momentos la presión muy baja, puede ser difícil de localizarle el pulso, pero si no tiene el corazón parado, al elevarle las piernas, aquel suele hacerse más firme.

Una vez comprobados el pulso y la respiración, deberemos poner al accidentado inconsciente en posición lateral, a fin de que si vomita, el vómito salga al exterior de su boca y no lo aspire a los pulmones. Igualmente, en esta posición, evitaremos que se asfixie con su propia lengua que, en estado inconsciente y estando el accidentado de espaldas, cae por su propio peso hacia la parte posterior de la garganta obstruyendo la vía aérea.

Reanimación cardio-pulmonar (RCP)

... saber efectuar unas sencillas maniobras con las que mantener a la víctima con cierto grado de circulación sanguínea y respiración mientras se espera ...

Aunque las probabilidades de sobrevivir a una parada cardíaca cuando ésta se produce en el campo, lejos de una inmediata ayuda sanitaria, son prácticamente nulas, con la generalización del socorro por helicóptero y la posibilidad de que un equipo médico acuda con prontitud en auxilio del afectado hacen recomendable saber efectuar unas sencillas maniobras con las que mantener a la víctima con cierto grado de circulación sanguínea y respiración mientras se espera la llegada de ayuda. Consisten en lo que se llama masaje cardíaco externo y respiración boca a boca.

Estas maniobras deberán llevarse a cabo cuando nos encontremos con una persona sin sentido, pálida o azulada, que no reacciona a ningún estímulo y que no tiene pulso ni respira. Normalmente sus pupilas están dilatadas o se están dilatando rápidamente.

Es importante saber cuánto tiempo aquella persona ha estado sin pulso ni respiración, ya que si este periodo ha sido superior a diez minutos, ya no existen esperanzas de que vaya a sobrevivir. Caso aparte es cuando esta parada cardiorrespiratoria se ha producido en condiciones de hipotermia, por ejemplo, al caer dentro de la brecha de un glaciar. En estos casos se han visto recuperaciones completas, incluso tras más de una hora de maniobras de reanimación.

Con la víctima tendida de espaldas en el suelo, nos situaremos de rodillas a su lado y comprobaremos que no tenga nada dentro de la boca que obstruya su respiración.

A continuación empezaremos con la respiración boca a boca, para continuar, alternativamente, con el masaje cardíaco.

Llame antes de empezar una RCP
Si la persona no está respirando, inicie la respiración de rescate.

Respiración boca a boca


Con una mano levantaremos la mandíbula de la víctima empujando hacia arriba por debajo de su mentón. Con la otra pinzaremos su nariz para que el aire que vamos a insuflarle por la boca no se escape por aquella. A continuación, pondremos nuestros labios alrededor de los suyos y soplaremos enérgicamente un par o tres de veces. Si lo hacemos correctamente, el pecho de la víctima subirá y bajará en cada una de ellas. Si se trata de un niño pequeño, no hace falta pinzarle la nariz, ya que ésta, junto con su boca, cabe dentro de la nuestra.




Masaje cardíaco

Incorporados sobre nuestras rodillas y con los brazos estirados sin flexionarlos por los codos, pondremos la palma de una mano sobre la parte media del esternón de la víctima y la palma de la otra sobre el dorso de la primera. Descargaremos entonces el peso de la parte superior de nuestro cuerpo sobre el pecho de la víctima, de manera que su esternón se hunda unos 3-5 cm (en los niños esta presión debe ser, naturalmente, mucho menor). Sin apartar las manos del pecho de la víctima, aliviaremos inmediatamente esta presión a fin de que su tórax recupere su posición original.

Si son dos personas haciendo la reanimación ambos socorristas pueden irse turnando a fin de no cansarse.
Haga unas 2 compresiones por segundo.
Oprima el pecho para que se hunda de 4 a 5 cm.
30 compresiones, 2 respiraciones. Repita este ciclo de 30-2 hasta que llegue ayuda o la persona respire por sí misma. NOTA: Si no está haciendo respiraciones de rescate, siga haciendo compresiones de pecho a un ritmo de 100 compresiones por minuto.





Atragantamiento

Lo que no debemos hacer y la maniobra de Heimlich

La vía normal de los alimentos cuando los tragamos es hacia el esófago y, a través suyo, hacia el estómago. A veces, sin embargo, no somos capaces de deglutirlos y se nos quedan atrancados en la garganta. Decimos entonces que nos atragantamos.

Habitualmente se trata de un pedazo de carne o de pan demasiado grande, que no hemos masticado suficientemente y que, al intentar deglutir, no puede introducirse por la entrada del esófago, quedándose en la parte inferior de la garganta, denominada faringo-laringe.

Utilizamos el conducto que forman la boca y la faringe tanto para comer y beber como para respirar, pero a nivel de la faringo-laringe hábilmente hacemos una cosa u otra, dependiendo de que lleguen a este nivel alimentos o aire. Solamente los niños pequeños son capaces de hacer ambas cosas a la vez, y por esto pueden mamar sin parar para respirar.

Cuando un bolo alimenticio se queda enclavado a nivel de la farigo-laringe, lugar aún de paso común para aire y alimentos, se produce una situación de alarma para el organismo, que intenta evitar a toda costa que este cuerpo extraño penetre en tráquea, a través de la cual inspiramos el aire a los pulmones.


La situación no es grave si este cuerpo extraño no tapona la tráquea y se queda en la parte superior del esófago. Así sucede muchas veces cuando un niño pequeño se traga una moneda. Entonces pueden pasar tres cosas: que finalmente la pueda deglutir hasta estómago, de donde normalmente seguirá sin problemas por su vía natural, que la vomite, pasando así el susto, o bien, lo más frecuente, que se deba acudir a un médico para que, bajo anestesia general y mediante la instrumentación necesaria, extraiga aquel cuerpo extraño.

La cosa se complica cuando el alimento, el botón, el hueso de aceituna, etc, no pasa al esófago y se introduce en la tráquea o a un bronquio. Esto suele suceder cuando se habla o se ríe con la boca llena: al inspirar para seguir hablando o para soltar una carcajada, se produce una fuerte succión de aire hacia la tráquea que arrastra consigo la comida que se está masticando.

Si en estas condiciones el afectado es capaz de mantener la calma y seguir inspirando suavemente (cosa normalmente posible ya que aquel pedazo de comida, al principio, no suele obstruir totalmente la vía aérea), inflando sus pulmones y, a continuación, toser con fuerza, el material aspirado se expulsa del lugar en que indebidamente se había introducido, subiendo de nuevo a la boca. Unas firmes palmadas en la espalda dadas por una mano amiga en el momento de toser pueden ser de ayuda para que el cuerpo extraño se desprenda de donde estaba encallado.

Sin embargo, cuando el afectado no es capaz de conservar su lucidez, debido, por ejemplo, a los efectos del alcohol, el pánico hace entonces presa de él, y a menudo también de quienes le rodean. Lo mismo sucede en los niños. En ellos, este accidente es relativamente frecuente, pues ya sabemos cuánto les gusta introducirse en la boca toda clase de objetos. Como su vía aérea es mucho más pequeña que la del adulto, es también más fácil que quede obturada. Tanto ellos como los adultos que no conservan la calma, reaccionan, al notar que algo obstruye su garganta impidiéndoles la respiración, de la peor manera posible: con una fuerte inspiración. Esto, naturalmente, no hace sino complicar más las cosas, ya que aquel cuerpo extraño se introduce aún más profunda y firmemente en su vía aérea produciéndose a veces una obturación total de la misma.

Al asfixiarse, la persona afectada adquiere una coloración progresivamente violácea y pierde el conocimiento en muy pocos minutos debido a la falta de aporte de oxígeno a su cerebro. Naturalmente, practicarle en estos momentos la respiración artificial no tan solo no sirve de nada sino que además aún es peor ya que con esto sólo conseguiremos introducir el "tapón" más firmemente en su vía aérea.

Conviene entonces recordar una sencilla maniobra, conocida como la maniobra de Heimlich, con la cual podemos salvar la vida del afectado o evitarle un daño cerebral irreversible. Esta maniobra consiste en situarse a la espalda de la víctima y rodearla con nuestros brazos tomándonos con una mano la muñeca de la otra de forma que nuestro puño quede a la altura de la boca de su estómago, justo por debajo de su esternón. Haremos entonces una rápida y violenta compresión hacia nosotros, intentando que la brusca subida de presión que producimos en el abdómen del afectado se transmita a su caja torácica y que, a su vez, comprima el aire que aún queda en sus pulmones, provocando así la expulsión del cuerpo extraño, como salta al aire el corcho al abrir una botella de cava. Si lo conseguimos, tendremos un motivo más que sobrado para celebrarlo descorchando, esta vez sí, una auténtica botella de este vino espumoso.





No hay comentarios: